Diez, quince, veinte, treinta. Alrededor de una treintena, si, por lo menos una treintena. Treinta voces mudas, treinta cuerpos desnudos, treinta almas vestidas que dejaron una estela en el camino.
De algunas solo disfrutó el viento, el suave susurro vibrante de sus voces entrecortadas mientras arrastraban la hojarasca de sus atenciones. Pero era solo viento, con su estela de frescor perecedera y fría. Luego quedó la nada, el vacío, llovieron otras almas.
Estas mojaron su ser, sus manos, su piel. Corrieron por su cuerpo cuales ríos por veredas fangosas, arrastraron piedras y peces, pero luego quedó el frío, la humedad que arruga la piel hasta casi entumecerla. En algunos casos la humedad fue tanta que casi llega a enmohecer.
Mas, como en ocasiones anteriores, también pasó. Se revolcó entonces en la tierra, trató de asir sus minerales, dejar que se colara en sus poros, pero el vacío era insaciable, nada lo llenaba. Quizás con fuego...si, tal vez el fuego. Por ello lo atizó fervientemente, quemó la dermis, epidermis, permitió al fuego arrasar con todo. Pero no fue suficiente, allí, como tantas veces estaba el vacío.
Hasta que un día, de tanto vacío se le fue el aire. Como un hoyo negro consumió el oxígeno de sus pulmones. De repente el vacío fue viento, fue agua, tierra y fuego. Invadió todo y penetró hasta el tuétano. Finalmente estaba allí la emoción extrema pero era una nada: apabullante, lacerante, paralizante...y se hundió en ella. Abrazó su éxtasis hasta que le dolió el alma y el dolor se hizo más fuerte, creció como un cáncer, era ya insoportable.
De repente, frente al espejo, allí, el antídoto. El viento, el agua, la tierra, el fuego, el frenesí, el dolor, todos juntos en sus ojos heridos. Los abrazó uno por uno: en las cicatrices de su cuerpo, en las heridas de sus ojos, en los pedazos de alma rota. De repente el vacío se llenó y todo fue luz. Nada estaba bien, nada era perfecto, pero había luz.
Un buen día aquella luz atrajo un cuerpo vestido, un alma desnuda, con luz propia. A través del fulgor de ambos pudieron ver los pedazos deshechos...pero no importó.
Fin
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